Desde el Meridiano de Buenos Aires
Publicación original: Novedades, 31 de octubre de 1949.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: Buenos Aires, Juan Domingo Perón, Plaza de Mayo, liderazgo, municipalismo y crónica política.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
BUENOS AIRES, 17 de julio. –Todas las delegaciones al IV Congreso Histórico Municipal Interamericano han acudido hoy a las ocho y media de la mañana a la Casa Rosada para ser recibidos por el Presidente argentino. El doctor Tamagno que preside la Comisión Organizadora del Congreso, hace la presentación de los delegados y el Presidente Perón, entonces comienza a establecer el inusitado clima de cordialidad y llaneza que ha de privar en el acto: personal y afectuosamente saluda a cada uno de los representantes de los países americanos, recorriendo hasta el fondo la sala de recepción. Estamos más de doscientos pero a todos alcanzó este rasgo de atención.
Hay una simpatía extraordinaria en el hombre. Simpatía que se sabe manejar con admirable equilibrio y que pone en la palabra del líder argentino una inesperada eficacia. Da la impresión de una charla con un excelente amigo personal que se adelanta a darnos la relación de todas las cosas que uno quiere saber sobre lo ocurrido desde la última entrevista hasta ahora. Un gran vigor, una campechanería tan justa, medida y espontánea, que en nada mengua la actitud fundamental del personaje constituido en la autoridad máxima de un pueblo. Luego, un poder de síntesis en la exposición de la historia del movimiento peronista y de la situación actual de Argentina, que puede envidiar el más aguerrido veterano de la cátedra y de la conferencia, cuando una y otra no son escaparate de vanidades intelectuales sino mensaje llano de verdad.
Después de escuchar a Perón no puede uno dudar de que es uno de los líderes más bien dotados de nuestro tiempo, independientemente de que se simpatice o no con la proyección que ha impreso a la vida de su país. Es, sin ambages, un tipo de excepción. Sus metas, altas. Su capacidad para alcanzarlas parece indudable hasta estos momentos. Ojalá que no le falle el material humano que en forma más o menos inmediata con él colabora, ya que la masa del pueblo parece estar dispuesta a no fallarle jamás. Esto último lo demuestra la formidable concentración de hoy por la tarde en la histórica Plaza de Mayo: más de doscientas cincuenta mil almas celebrando el Día de la Lealtad, el cuarto aniversario de la liberación de Perón por las muchedumbres de “descamisados” en una manifestación tan espontánea de adhesión a un jefe, con un entusiasmo que tan fácilmente se proyecta en exteriores expresiones y tan vehementes y unánimes, que resulta para nosotros una de las más felices experiencias tenidas; ver de cerca la comunión espiritual, sin protocolos, directa e intensa, entre un pueblo y su líder. Esto, puntualmente, es lo que da su excepcional y supremo interés al actual momento argentino. La incógnita del futuro, para el testigo de esta concentración de masas, resulta, pues, apasionante. Ardientemente se anhela que todo esto concluya bien.
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