Columna de Juventud

Identificador: DM-004.
Publicación original: SER, junio de 1940 (día no indicado).
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: juventud, trabajo, universidad, patriotismo, justicia, vida espiritual.
Ilustración de Columna de Juventud

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

A ti, joven lector de alma joven, va dirigida esta voz de otro joven como tú.
Seas trabajador manual, seas empleado, seas estudiante, ahí, va mi diestra para estrechar con calor la tuya. Somos hermanos. Nos entendemos.
Si no vegetas con la muchedumbre estólida de almas viejas encerradas en cuerpos nuevos. Si eres joven de verdad. Si, en una palabra, tienes coraje y agallas…
Si así fuere, esta voz será el eco de tu voz. Será más: tu propia voz. Sílabas en las que reconocerás tu acento. Palabras de tu lenguaje. Sonidos que tendrán la vibración fuerte y viril de tu espíritu… Hallarás en esta columna tu acometividad y pujanza. Tu mismo hervor de sangre. Tu agilidad deportiva. Tu alegría ante la vida. Tu optimismo ilusionado en el porvenir.
No temas tropezar una vez más con los tópicos baratos e insulsos de todos los días. Trascendencia e interés para todo el mundo, pero sobre todo para ti, es lo que te prometo en estos comentarios que hoy se inician y en los que espero advierta tu paladar, desde luego, un fresco sabor de genuina mocedad.
Por eso, habrás de reconocer aquí tus mismas y constantes exaltaciones por las causas nobles y levantadas. Por la hombría, por el honor y la hidalga limpieza. Por la justicia, por la Patria y por el pueblo, por los valores perennes del espíritu… Y por Dios. ¡Claro está! Porque tú y yo sabemos que Dios es, antes que para ningún otro, para el que tiene ánimo y corazón bien puesto, para el que es capaz de esforzar el músculo y empuñar un arma al servicio de un ideal. Aunque finjan creer lo contrario las almas débiles, que jactanciosamente se autonombran “espíritus fuertes” –precisamente por no serlo- para ver si así espantan al desprevenido.
Si escuchares esta voz, la hallarás también colmada de tus ascos. De tus íntimas y personales repulsiones por todo lo que huele mal -¡y no es ello poco!- en esta hora y en este país. “Hic et nunc”: “aquí y ahora”, como dicen los filósofos.
Por eso, más de una vez, llegará a tus oídos en estos párrafos un fosco zumbar de dardos. Los que tu propio desprecio y tu propio odio –que son los míos –deben lanzar contra lo que es antitético de lo que tú y yo estimamos y amamos. Serás testigo y actor de una batalla así: de saetas. Contra el enemigo plebeyo y bajuno. Que lo que es podre y carroña no merece los honores de la cercanía, la beligerancia del combate cuerpo a cuerpo, la gloria caballeresca del chocar de espadas, del romper de lanzas.
Esta voz –voz de juventud- es, pues, tu propia voz. Voz de combate y de pelea. De milicia. De vida. De pleno sentido militar de la vida. Ya lo dice el adagio: la vida sin combate, sin milicia, no es vida: ¡es muerte!
Y porque es voz de lucha y de vida, es voz que quiere conjugar contigo los verbos en pretérito, presente y futuro, en toda la bendita amplitud del idioma que nos permite ver hacia atrás y hacia delante en el tiempo. Porque nuestras luchas de juventud de hoy son substancialmente las que fueron ayer, y sobre todo, las que serán mañana. Porque la vida que corre caudalosa y fuerte en las venas de nuestra generación juvenil es, cabalmente, la idéntica y vigorosa torrentera de savia que animó el noble y señero tronco vital de los abuelos. (De esos abuelos nuestros que labraron la nacionalidad porque quisieron y supieron tener el corazón siempre joven para todas las grandes empresas). Y también porque esa vida nuestra del presente, rica en poder de creación, vida chisporroteante y luminosa de forja, “en trance de engendrar el porvenir”, trabaja con tesón indomable el hierro con que se ha de edificar la ciudad futura.
Para ti, para mí, para nosotros, no se hizo la estrechez de visión. Al contrario: la anchurosa expansión de las miradas. No el cerrar los ojos a la luz. No el encogimiento del cuerpo. No el bajar, medrosa, la voz. Para ti, para mí, PARA NOSOTROS, se hicieron la pupila ávida, la cara al sol, la postura vertical, la ascensión alpina, el recio y varonil golpear del habla…
Si el timbre de esta primera voz halla rima y fraternal consonancia con la íntima gallardía de la tuya, esa que resuena en la tensión de tus luchas, de tus amores y tus odios –el que ama, odia lo que es enemigo del Amor-, sé bienvenido, JOVEN LECTOR DE ALMA JOVEN, a la charla de esta columna. Aquí bajo la misma tienda, haremos consejo de guerra. Contra el mal, contra la antipatria, contra la injusticia, la vileza y la traición.
Y si a mi esfuerzo aúnas el púgil dinamismo de tu brazo, juntos barreremos la basura de todos estos endriagos que pretenden sentar sus reales definitivamente en esta casa nuestra que es Méjico y que tú y yo amamos. Casa que es también de nuestros padres y de los que habremos de llamar, algún día, hijos. Y de los hijos de nuestros hijos.

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