Ateísmo Cinematográfico
Publicación original: Novedades, 27 de mayo de 1949.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: cine, ateísmo práctico, Pío XII, cultura de masas, moral y Providencia.
Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES
Uno de los más graves males de nuestro tiempo, a saber, el ateísmo práctico de crecientes multitudes en los países cristianos, fue aludido en fecha reciente con excepcional vigor por Pío XII.
Con palabras muy claras, aprovechó la coyuntura para desenmascarar esa moderna táctica, signada por las más sutil hipocresía, que consiste en no atacar de modo expreso a Dios, sino, sencillamente, en ignorarlo. No cabe duda, por otra parte, de cuánta razón hay en la directa alusión pontificia respecto de cuáles sean unos de los más importantes instrumentos de dicha táctica: los grandes medios de formación –con harta frecuencia de deformación- de la mentalidad del hombre medio de Occidente, que son los espectáculos cinematográficos y gran porción de la prensa.
En el empleo de tal farisaico sistema de ateización de los pueblos, es evidente que las películas se llevan la palma. Y resulta revelador de la sagacidad de método el que haya pasado inadvertido a muchos que tienen papel relevante que desempeñar en la promoción y defensa de los más altos valores de nuestra cultura: los valores morales, cuya única base positiva, lógica y práctica –recordémoslo de paso- puntualmente es el reconocimiento de Dios.
En efecto, nunca se oye hablar del virus ateístico del cine, como no sea en los púlpitos –y ello, tal vez, no con la frecuencia y precisión que serían necesarias dada la subversora peligrosidad del mal de que se trata. No recordamos, verbi gratia, que haya llegado a nuestras manos algún comentario periodístico que en forma específica se haya referido a esta lacra permanente del ateísmo tácito de casi toda la producción cinematográfica. Y un minuto de reflexión basta para advertir que semejante lacra general y constante del cine –casi no cuenta el pequeñísimo número de películas libres de ese vicio congénito- es mucho más grave, a la larga, por sus efectos en la psicología colectiva, que la inmoralidad flagrante que, en dosis mayor o menor –cada vez “más mayor que menor”-, tiene múltiples y holgados vertederos en la casi totalidad de las realizaciones “fílmicas” (como se ha dado en la flor de decir). Ello resulta lógico, porque la suprema inmoralidad estriba en dar por ignorado lo que constituye el cimiento mismo de la moralidad, que es Dios.
El cine, cuyo poder de sugestión es tremendo y suele manifestarse como avasallador por lo que a las masas se refiere, a lo largo de las décadas que tiene ya de progresivo y hoy indisputado predominio entre los espectáculo públicos, se ha ido depositando en la psicología popular, mediante un trabajo lento, pero jamás interrumpido, los sedimentos de su implícito ateísmo. Lo “héroes” de la pantalla –con una insistencia que no puede ser sino fruto del cálculo deliberado- se mueven dentro de argumentos y circunstancias en cuyo fondo nunca deja de notar el observador no superficial la ausencia del más elemental sentido religioso de la vida. Así, por ejemplo, todos los problemas –trascendentes o triviales- que se plantean en las películas se resuelven en ellas siempre por obra del solo factor del esfuerzo y del ingenio humanos; por la concatenación fortuita de circunstancias en las que no aparece por ningún lado algo que insinúe siquiera a esa formidable y militante realidad de la vida que se llama Providencia, o, en el mejor de los casos, los “happy endings” vienen a ser el fruto o el premio de meras virtudes naturales, sin ningún matiz de religiosidad. Tácitamente, y sin remedio, Dios está siempre ausente.
Por eso es por lo que la voz del Papa ha sido certera y exacta. Y necesarísima, además. Porque las muchedumbres no suelen ir a donde se les habla de Dios con la misma frecuencia con que acuden a las salas cinematográficas, en las que, subrayemos las palabras del Pontífice, “LA PROPAGANDA PARA UNA VIDA TERRENAL SIN DIOS ES ABIERTA, SEDUCTORA Y CONTINUA”. Porque, insiste, ahí “CON FRECUENCIA NO SE NIEGA A DIOS NO SE LE MADICE” (ello no sería hábil estrategia ateizadora). “SIMPLEMENTE SE LE CONSIDERA COMO AUSENTE”.
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