Ante Dos Emboscadas

Identificador: DM-346.
Publicación original: Novedades, 4 de abril de 1955.
Autor: LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES.
Temas: persecución religiosa, laicismo, cisma, materialismo práctico, Iglesia católica, libertad religiosa.
Ilustración de Ante Dos Emboscadas

Por LIC. OSCAR MÉNDEZ CERVANTES

Muchos no se percatan de ello. Muchísimos, incluso, piensan lo contrario. Pero lo cierto es que la embestida de las fuerzas oscuras contra la Iglesia de Cristo asume cada día más el carácter de una ofensiva general y permanente en todo el mundo.

Y en esta ofensiva echa mano de toda la gama de estratagemas y tácticas que ha sido capaz de idear en dos mil años de Historia. Tácticas modernas de ataque, lo mismo que artimañas viejísimas –que los espíritus superficiales podrían creer hogaño ineficaces- se ponen a contribución para obtener el aplastamiento de la autenticidad o de la unidad católica, según sean los frentes de batalla.

Hay que encararse, sin optimismos engañosos, a la realidad: en Occidente, más acá de la cortina de hierro, el riesgo estriba en la pérdida de la autenticidad; en el problema –máximo, desde cierto punto de vista- de que, bajo un ropaje de falsa paz o tolerancia, los católicos se ven envueltos de manera constante y múltiple por una atmósfera de redoblado y cada vez más denso materialismo práctico, según reiteradas veces ha denunciado con vigor creciente Pío XII. En esa atmósfera, las virtudes cristianas y el mismo sentido religioso de la vida tienden a diluirse –socialmente hablando- con aceleración progresiva. Los católicos se ven arrastrados a cada paso a los equilibrismos imposibles –tan en boga- que pretenden armonizar cosas medularmente antagónicas. Por un lado, las exigencias morales, la ascética –siquiera mínima- de la conducta, que inescapablemente impone el catolicismo. Por otro, la licencia de las costumbres; el sentido anticaritativo y darwiniano –“sobreviva sólo el más apto”- de la economía; el anhelo excesivo y pagano de confort material; la exclusiva fijación de metas terrenales a la existencia: cosas todas, estas últimas, que trajo en sus alforjas el modernismo laico y liberal.

Al oriente de la susodicha férrea cortina soviética se siguen vías un tanto diversas en la lucha antirreligiosa y, singularmente, anticatólica. Ahí es el resucitar las técnicas –más antiguas, históricamente- de la persecución descarada y brutal. O bien el método que va tomando cariz de favorito de la promoción de cismas más o menos francos, más o menos vergonzantes, y también substancialmente fracasados todos ellos hasta la fecha, desde Checoeslovaquia y Polonia hasta China. Sólo se echa de menos en los países bolcheviques el recurso de suscitar nuevas herejías, lo cual haría completa la apelación a todos los clásicos instrumentos de acción anticatólica que en el curso de los siglos fueron usuales hasta la aparición del insidioso laicismo moderno que finge no atacar a Dios y a su Iglesia, pero, sencillamente, los ignora en la vida práctica privada y pública, con lo que, de hecho, socializa la irreligiosidad: técnica ésta por cierto de metas a más largo plazo, pero más seguras de alcanzarse.

Al parecer, el dilema inmediato de práctica apostasía para los católicos se va concretando cada vez con mayor precisión: o cisma o laicismo. En saber resistir a las coerciones del uno y a las seducciones del otro está el secreto de salvar –al par del alma- nuestro decoro en la Historia inminente; en la Historia que en realidad ya va siendo. Dénos Dios a todos su ayuda, y tengamos la mínima dosis de sentido heroico de la vida que los grandes trances requieren.

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